Uno de los microrrelatos del I Concurso de pueblos y sabores organizado por la Ruta del vino de Rueda. En el enlace el ganador.

EL PALOMAR DEL TESORO

Otro verano más al pueblo, este año, además, vienen la tía Ana y la prima Carmen unos días. Claro que alguien tiene que ayudar a mamá en arreglar la casa de la abuela.

Al llegar a Rueda, el primer día siempre comíamos el menú en el Foro. Mamá decía que era para que nos entrase el espíritu vacacional. En ocasiones, cuando la fábrica de chocolates Ruiz estaba trabajando olía a chocolate todo el pueblo. El pueblo tenía una piscina estupenda, cine al aire libre y había fiestas en los pueblos de alrededor a las que solíamos ir por las tardes. Un día durante las vacaciones, hacíamos una excursión familiar a Matapozuelos.

Cuando llegamos a casa la Tía Ana y Carmen ya habían sacado sus maletas.

Los niños siempre ocupábamos la buhardilla.

– Bajar niños, ha venido Amparo, la vecina.

– Os hemos visto llegar. Pero ¡qué grandes están los niños! Os voy a presentar a mis nietos Andoni y Ainara. Ellos no conocen a nadie por aquí así que he pensado que podríais conoceros. – dijo Amparo.

– Hola, yo me llamo Jorge, ella es mi hermana Isabel y ella es mi prima Carmen.

– Estábamos eligiendo la cama en la habitación. ¿Queréis subir? – Preguntó Jorge.

En la buhardilla además de las camas había un montón de juguetes apilados. Isabel intentó coger la caja del Cluedo y toda la pila de cajas de juguetes se derrumbó y una de las tablas del suelo cedió.

Isabel se había llevado un buen susto. Era la más pequeña del grupo. Ainara tenía algún año más, Carmen tenía trece años y los chicos eran de la misma edad, catorce años, aunque Jorge cumpliría quince en Septiembre y Andoni los acaba de hacer.

Dentro del agujero había una caja de madera que Ainara cogió sin pensarlo. Según la sacó se rompió.

De la caja salió un papel.

– Es un mapa dibujado. Aparecen los nombres de algunos pueblos.  – Dijo Jorge.

– Pero aquí, hay una cruz dibujada. Tendríamos que ver dónde es. Igual es un tesoro escondido. – Dijo Andoni dejando volar la imaginación.

– Niños – llamó mamá. – Andoni y Ainara tienen que irse a su casa y vosotros a la ducha, cenar y a la cama.

– ¿Quedamos mañana por la mañana, después de desayunar? yo cojo el mapa de carreteras de mi padre y a ver dónde está esa cruz. – Dijo Jorge.

– Yo me iré a la piscina. – Dijo Carmen

– Hasta mañana entonces. – Se despidió Andoni.

Por la mañana, nada más abrir un ojo, tanto Isabel como Jorge, se acordaron de la caja y bajaron a desayunar.

Jorge ya estaba con el mapa de carreteras de su padre, cuando llegaron Andoni y Ainara con las bicis.

– Mira, ya he encontrado donde es la cruz. Ésta es la carretera que va a La Seca y ésta a las piscinas. Deberíamos coger las bicis y ver qué hay allí.

Con los planes hechos, Jorge informó a su madre que se iban en bici a la piscina y que volverían para comer.

Junto al cruce de la piscina Andoni se paró y Ainara apuntó a un edificio redondo entre las viñas. – Mirad, igual es eso. Dejaron las bicis en la cuneta y empezaron a caminar.

– Yo creo que esto es un palomar.

Cuando llegaron empezaron a darle vueltas. Un paisano que andaba por las tierras les llamó la atención.

– Eh niños, ¿qué hacéis ahí? Anda, largaos que os vais a hacer daño.

– Señor, ¿sabe usted qué es esto?

– Y yo que sé. Parece un palomar pero nunca he visto palomas.

– Muchas gracias, ya nos vamos. – Dijo Jorge. –Deberíamos venir mañana con una linterna y entrar.

Llegaron a la piscina y se juntaron con Carmen y sus amigas.

La tarde estuvo muy entretenida. Isabel y Jorge fueron a casa de Andoni y Ainara a la  fiesta de cumpleaños de su abuela. Al anochecer, vino Cristina, la mamá de Jorge e Isabel a buscarlos.

– Hasta mañana Andoni. A ver si conseguimos una linterna.

Y como todos los días ducha, cena y cama.

Un gran alboroto en la cocina despertó a Jorge que bajó a ver qué pasaba.

– Que no Cristina, que ya estoy harto de limpiar la casa. Hoy me tomo mi primer día de vacaciones.  Me llevo a los chicos de excursión y no nos esperes hasta la tarde.

– Habíamos quedado con Andoni y su hermana y es que…

En esto bajó Carmen, – Buenos días. Tío, que sepas que yo he quedado con mis amigas

– Nos iremos los tres, y les decimos a tus amigos que si se quieren venir con nosotros. Así todos contentos. – Primero vamos a parar en la bodega Cuatro Rayas a ver la embotelladora que tienen que debe ser magnífica. Y después nos vamos a… Matapozuelos!

Al rato ya estaban los cinco en el coche.

Al pasar por la carretera de La Seca – Papá, ¿sabes tú si se puede visitar ese palomar?

– No lo creo. Pero seguro que Amparo os contará algo. Para ser un palomar lo veo muy bajito.

La embotelladora de la bodega Cuatro Rayas era efectivamente increíble. Embotellaba el vino, ponía etiquetas metía las botellas en cajas y todo automático. Mereció la pena ir a verla sin duda.

A continuación a Matapozuelos. En primer lugar, fueron directamente a la plaza porque papá quería reservar una mesa para cenar con mamá en La Botica, un restaurante que a mamá le encanta. Tiene una estrella Michelín y ella siempre dice que esos restaurantes son sus favoritos.

Se tomaron un mosto con una tapa en el Liencero que está al lado. Al terminar, fueron a la repostería La Giralda de Castilla a comprar unas magdalenas para desayunar. Y después a comer al Mesón de Pedro.

Mesón Pedro

Al llegar al Mesón la mesa ya estaba preparada. Pidieron unas croquetas de jamón, los pinchos de lechazo y de postre un trozo de flan de la casa. A los chicos sólo les faltaba sacar la lengua para rebañar el plato.Campanario

Al terminar se acercaron a la puerta de la torre de la iglesia, a donde enseguida, vino la encargada de abrirla para subir. En el primer rellano de escaleras, tomaron un poco de aire, y finalmente llegaron al campanario. Las vistas se abrían hasta el horizonte. Papá les fue indicando diferentes cerros y pueblos que se veían desde allí. Al fondo se veía hasta la ciudad de Valladolid.

Cuando bajaron, caminaron hasta el gran palomar cuadrado. Cuando entraron vieron un montón de palomas y  un video les explicó la historia del palomar. Vieron y tocaron un huevo de paloma y las niñas quedaron encantadas con la visita.

Después, regresaron a Rueda. Pararon en la piscina a comer un helado y a pasar el resto de la tarde.

Tras el día especial de vacaciones Andoni y Jorge quedaron para verse por la mañana. Tenían que conseguir una linterna y Andoni iba a preguntar a su abuela sobre el palomar del tesoro de Rueda.

Ducha y cama. Hoy ninguno tenía ganas de cenar.

Por la mañana bajaron a desayunar chocolate y magdalenas. No se podía pedir nada mejor para desayunar. Al momento llegaron Andoni y Ainara. Andoni traía una linterna que discretamente enseñó a Jorge. Carmen, seguía en la cama.

– ¿Qué planes tenéis para hoy? – preguntó mamá.

– Dar una vuelta en bici y a la piscina.

– Esta mañana también yo iré a la piscina.

Salieron hacia  el palomar del tesoro, como habían decidido llamarlo.

– Chicas, vosotras quedaros aquí vigilando.

– Vale, y así te enseño las cartas de Disney que he traído – dijo Ainara a Isabel.

Los dos chicos se arrimaron a un agujero de la pared y metieron las cabezas. Definitivamente tenían que entrar. Jorge, que parecía más decidido y además era más menudo, entró en el agujero con la linterna.

–  Hay unas escaleras. No se ve el fondo pero ¡¡Aaaaayyy!! Gritó Jorge

– ¿Qué pasa, estas bien?

– Estoy bien. Es que había un escalón roto.  Hay un montón de piedras amontonadas y muchas cazuelas de barro. El suelo es como el de la cocina de casa, con dibujitos de flores.

– Andoni – llamó Ainara – ¡¡Viene el papá de Jorge!!

– Jorge sal, viene tu padre. ¡Corre!

– Chicos, ¿qué hacéis aquí? – preguntó

– Íbamos a la piscina pero queríamos ver el palomar.

-Pero Jorge, ¿qué haces ahí metido? Pero, ¿cómo que ibais a la piscina? ¡Si traes hasta una linterna! Me lo vais a explicar ahora mismo. – Dijo todo enfadado – Pero ¿qué es eso que traes de la mano?

– Estaba ahí abajo. Es como un jarrón como los de los museos.

– Déjame ver – dijo Miguel. – Esto puede ser muy interesante. Vamos a ver amiguitos me lo vais a contar todo. Voy a llevar a las niñas a la piscina y a vosotros quiero veros en casa en cinco minutos.

Las niñas fueron a la piscina y los chicos a casa de Jorge donde esperaron a Miguel.

Según llegó Miguel, cogió la olla y la estuvo examinando. – Ahora empezar a contármelo todo desde el principio.

Los chicos le explicaron todo, la pila de juguetes que se cae, el agujero en el suelo, caja, el mapa, la olla.

– Pero ¿os dais cuenta que podíais haber tenido un accidente mayor que el escalón roto? Ahora cuéntame qué hay ahí abajo, qué es lo que has visto.

– Cuando me caí y llegué abajo, hay como unos pasillos con piedras amontonadas como paredes pero el suelo es como el de la cocina pero con flores y en una pared hay un montón de estas ollas pero unas rotas y otras de formas diferentes. Y no me ha dado tiempo a nada más.

– Esto parece muy interesante. ¿Te acuerdas de Fernando, el arqueólogo que vive Madrid? Está en Medina del Campo en casa de su madre. Le voy a llamar porque él entiende de estas cosas y a ver qué nos dice.

Miguel hizo una llamada rápida y efectivamente Fernando estaba encantado de salir de la casa de sus padres y venir a Rueda. Llegaría en poco más de media hora.

– Hasta que venga, vosotros dos os vais a tu habitación.

Los dos chicos se entretuvieron con un juego de mesa de futbol. Al rato oyeron que Miguel los llamaba.

– Pero Jorge, ¡Cuánto has crecido! Encantado de conocerte Andoni. – le dijo Fernando ofreciéndoles la mano. – ya me ha contado Miguel la aventura que habéis corrido. Bueno deciros que la olla es muy interesante. Vamos a ver qué es lo que habéis descubierto, ¿os parece?

– Si. Seguro que hay un tesoro– exclamó Jorge.

Cuando llegaron Jorge,  Andoni y Fernando entraron en el palomar. Miguel no pudo entrar porque era un agujero muy pequeño para él.

Llevaron varias linternas y al llegar abajo, Fernando sacó el teléfono y empezó a hacer fotos a todas partes. Miró a los chicos y les empezó a decir que tenía toda la pinta de ser una villa Romana. Algo que nadie sabía que pudiera estar allí.

Al salir empezó a contar a Miguel todo lo que había visto y lo que pensaba que era.

– Lo primero que tenemos que hacer es hablar con el dueño de las tierras, tenemos que hacer un proyecto, tenemos que hablar con Patrimonio, tenemos…

– Alto Fernando. – Dijo papá – Tenemos que hacer un montón de cosas pero en orden. Tú sabes mucho sobre el terreno pero el que sabe de teoría soy yo, así que vamos a empezar desde el principio. Lo primero es encontrar al propietario de las tierras.

– Yo sé quién es – empezó a hablar Andoni– Hablé con mi abuela ayer por la noche de este sitio y me dijo que estas tierras le pertenecían a un hermano de ella que se casó con una señora de Galicia. Su hermano era bastante mayor que ella y lo que recuerda es que leía mucho y cada vez que tenía unos días siempre venía al pueblo a ese lugar y se ponía a trabajar con la ayuda de unos vecinos. Pero la señora se puso muy enferma y se tuvieron que quedar a vivir en Galicia. Al poco de morir ella, él tuvo un accidente y murió.  En este momento, esta tierra es de mi abuela.

Todos se quedaron mudos. – No me lo puedo creer – exclamó Fernando – Tenemos que ir a ver a tu abuela y contarle lo que hay aquí abajo. Necesitamos saber si nos dejaría excavar.

– Lo mejor es ir a media tarde, cuando haga menos calor.

– Bien, pues Miguel, creo que deberíamos empezar a hacer un guion de todo lo que hay que hacer. Yo ya he terminado en mi último destino así que si todo sale bien, me gustaría quedarme por aquí.

– Pero este descubrimiento y el tesoro es nuestro – protestó Jorge- Y yo quiero participar en todo lo que se haga.

– Bien, pero ahora toca la parte aburrida, conseguir todos los permisos para excavar. Aquí no podemos hacer nada hasta conseguirlos. Empezaremos a trabajar aquí como muy pronto en primavera del año que viene, y aquí estaremos. – Le prometió su padre.

– Entonces nos vamos a la piscina con mamá.

– Dile que Fernando se quedará a comer.

Comieron todos en casa, menos Andoni y Ainara que fueron a casa de su abuela. Fernando les contó un montón de cosas interesantes de sus últimas excavaciones y viajes. Si todo salía bien y el proyecto era aprobado estaba decidido a quedarse a vivir en Rueda. Mamá le ofreció la casa de la abuela. Tenía 6 habitaciones dos baños y un patio bastante grande. Después de la siesta, se la enseñarían.

A media tarde, se fueron a ver primero la casa de la abuela y luego fueron a ver a la abuela de Andoni.

La señora Amparo les contó la misma historia que les había contado Andoni. Fernando y Miguel, le explicaron lo que pensaban que podría haber debajo de ese supuesto palomar.

La abuela les dio permiso para hacerlo pero con la condición de empezar a hacer algo después de la vendimia. En todo el territorio de Rueda, la uva es como oro y no se puede perder ni una viña. Además se tendrían que encargar de todo, a ella se lo tenían que traer todo hecho y no iba a pagar nada.

Ellos estuvieron de acuerdo. Lo vallarían de manera de no estropear ninguna viña, y se encargarían de todos los papeles que tuvieran que hacer. De momento hablarían por la mañana con la alcaldesa.

– Miguel, hemos tenido mucha suerte.

– Mañana quedamos a las 11 en la puerta del ayuntamiento y trataremos de ver a la Alcaldesa. Por cierto, llevo ya tres años detrás de ti para que te vengas a trabajar a mi empresa y dejes esas clases en la universidad.

– Hazme una oferta en firme por escrito y lo puedo considerar, claro.

– Si te parece, mañana lo hablamos.

Esa tarde Jorge y Andoni se dieron cuenta que lo que habían encontrado era realmente importante y que hasta que no empezasen a excavar ya no contarían con ellos para nada. Así que empezaron a hacer planes para los próximos días. Carmen se iba a marchar y quedaron en ir al cine al aire libre para despedirse de ella.

Por la mañana, Miguel y Fernando contaron a la alcaldesa lo que habían encontrado.  A ella le interesó muchísimo. Turísticamente hablando tenía un potencial enorme. Mandó llamar al secretario y dio la orden de instalar unas vallas altas en todo el perímetro de lo que ellos creían un palomar con la excusa de que era peligroso y estaba camino a la piscina.

Después se fueron a celebrar con unas cervezas la buena pinta que tenía todo y a la hora de comer Fernando habló con mamá.

– Cristina, quiero alquilar la casa de tu madre. Tengo un montón de cosas que preparar, el traslado, un despacho, wi-fi y demás. Por cierto Miguel, he traído la oferta por escrito. Te la dejo y  mañana cuando regrese lo hablamos. – Dijo Fernando.

– Bueno, Ana y yo lo hemos hablado y estábamos de acuerdo en alquilar la casa, y si es a un amigo muchísimo mejor. ¿Qué oferta? – Preguntó Mamá

– Fernando, está empeñado en que vaya a trabajar para su empresa y deje la universidad.

– Tendremos que estudiar la oferta – dijo Cristina.

Durante los siguientes días, Fernando se instaló en la casa de la abuela y los chicos estuvieron ayudando con la mudanza.

El verano se acabó. Jorge y Andoni hablaron de seguir en contacto durante el año y verse al año siguiente. Jorge prometió a  Andoni tenerle informado de las novedades del palomar del tesoro. Isabel y Ainara se intercambiaron unos juguetes. El verano siguiente lo tendrían que traer.

Ya de camino a casa;

– Papá ha sido el mejor verano de mi vida. Voy a ser arqueólogo y Andoni ha dicho que va a inventar una máquina para que las excavaciones se hagan más fácil. –dijo Jorge.

– Sí, la verdad es que ha estado bien. Yo pensaba que me iba a costar más arreglar la casa de la abuela. Y la sorpresa de la cena en La Botica ha sido maravillosa. – dijo mamá.

– Si, ha sido un gran verano. Pero el verano que viene, si todo sale como esperamos,  será mejor. Porque nos vendremos a veranear y ya nos quedaremos hasta que terminemos todas las excavaciones.

– Yo no quiero venir a vivir aquí. – dijo Isabel – ¿y mis amigas?

– Eso ya lo veremos – sentenció mamá. – todavía queda mucho tiempo.